El sensible drama de la drogadicción

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Es un problema que se ha venido agudizando de modo casi exponencial no solamente en nuestro país, sino que prácticamente en todo el mundo “civilizado” ya que por lo visto, no se sabe que esta verdadera lacra social haya penetrado en las pocas comunidades tribales o grupos humanos que aún existen en el planeta y que precisamente por su aislamiento no están “contaminados”.

Cada familia en la que exista un drogadicto “profundo”, sabe lo terrible que significa este drama y que su rehabilitación y reinserción en la sociedad es algo dificilísimo y complejo

Un experto en esta materia señala que: “Un adicto a la pasta base pierde la capacidad para discernir qué es lo mejor para su vida y tampoco posee la voluntad suficiente para continuar los tratamientos”..

Según explican desde Senda, el trastorno de consumo de sustancias, está considerado como un problema de salud mental y forma parte de los manuales de clasificación psiquiátrica. Asimismo, en conjunto con el Ministerio de Salud se ha diseñado una serie de documentos (normas técnicas y orientaciones) respecto a las distintas modalidades de tratamientos, para dar respuesta a los distintos perfiles de personas que presentan consumo problemático de drogas.

Para la psicóloga de la Unab, María José Millán, lo anterior responde a una condición que comparten todos los tratamientos de salud, por eso es que no se les puede obligar a menos que se trate de menores de edad o individuos que pongan en riesgo su vida. 

Dicha determinación es tomada por un juez, quien autoriza la internación del paciente a través del Ministerio de Salud y el eventual éxito de los tratamientos dependerá de la motivación del propio afectado, pero lo más importante es sacar al paciente del acceso a las drogas sobre todo en las más fuertes como la pasta base.

Se hace imperativa la necesidad de contar con equipos multidisciplinarios que traten a los pacientes; profesionales con trayectoria y especialización que sepan actuar ante las recaídas y las manipulaciones; métodos que resultan dolorosos para los tratantes y que no tienen como objetivo conocer las causas que desencadenaron la drogadicción.