Reveses de la historia

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Como pasa en la gran mayoría de los países, suele ocurrir que diversos historiadores e investigadores que se han especializado sobre el pasado político, social y humano, hacen interpretaciones que llegan a tener posiciones no sólo diferentes sino que también antagónicas.

Y en períodos de ciertas crisis, no faltan los que aseguran –de manera fatalista y agorera– que “la historia vuelve a repetirse”, lo que no parece muy justo ni sensato, considerando particularmente, que cada etapa del pasado tiene sus propios escenarios y circunstancias y no habría que dejarse llevar por determinados matices de eventuales similitudes.

Hoy sábado, se cumplen 129 años desde aquella infausta jornada del 4 de enero de 1891, en que el entonces Presidente José Manuel Balmaceda Fernández, puso en vigencia la ley de Presupuesto, lo que motivó su consiguiente destitución por parte del Congreso, gatillándose así el inicio de la triste guerra civil chilena, también conocida como Revolución de 1891.

Mientras las fuerzas del Ejército se dividieron, apoyando a ambos bandos, la Armada se unió a los congresistas y desde Iquique, los revolucionarios iniciaron una serie de campañas con el fin de derrocar a Balmaceda, quien estableció una férrea opresión sobre sus opositores.

La sociedad chilena enfrentó una gran división tras ese conflicto bélico, que dejó entre 5 mil y 10 mil muertos, culminando con la victoria de los congresistas y el suicidio del Presidente Balmaceda. 

Cabe recordar que las reformas a la Constitución de 1833, terminaron con la llamada República Liberal y se inició el Régimen Parlamentario, que imperó en Chile hasta 1925, año del que data el nacimiento de una nueva Carta Magna que constituyó un relevante eje en la vida de toda la comunidad nacional.

Por cierto que en la sucesión de estos episodios que han marcado el curso histórico de Chile, pueden encontrarse varias coincidencias y situaciones análogas, pero sería un despropósito hacer “lecturas” e interpretaciones antojadizas respecto de un pasado remoto.

Cada época tiene sus logros, sus metas, como también sus errores y reveses que, por cierto, pueden y deben ser superados con sentido común, buena voluntad y respeto por la dignidad y los derechos humanos.