Más viejo que el hilo negro

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En Chile se utiliza el término “más viejo que el hilo negro” para referirse a alguna cosa o hecho que es muy conocido y por un larguísimo tiempo. 

Hemos querido usar ese dicho para titular estas líneas editoriales con el propósito de referirnos al problema del comercio “ambulante” no solamente en las ciudades de nuestra Región  del Maule sino que de todo el país, con acento más marcado en algunas comunas que en otras.

Curicó, con sus calles y veredas estrechas, viene acusando esta realidad por muchas décadas pero en los años más recientes se ha llegado a extremos deplorables pues se hace muy difícil el desplazamiento peatonal.

El origen de este escenario social y económico se pierde en la retrospectiva del tiempo y por eso puede decirse con no poca razón que este problema es “más viejo que el hilo negro”, aunque es fácil deducir que si bien antiguamente no se notaba tanto ni era tan molesto era simplemente porque los habitantes eran menos y a comienzos del siglo pasado tal vez no llegaba ni a un tercio de lo que es hoy.

Los comerciantes “establecidos” que pagan sus respectivas patentes no dejan de tener razón al reclamar por esta situación que ellos vienen planteando por mucho tiempo.

Si bien es cierto los “puestos de cuneta” o de vereda, sirven de precario medio de subsistencia para muchas personas en condición socioeconómica vulnerable, hay otros que han alcanzado una suerte de “veteranía” que implica jugosas y regulares “ventas”.

¿Quién le pone el cascabel al gato? El asunto pareciera no tener solución, aunque en las redes sociales no ha faltado el o la “ocurrente” que han sugerido ocupar los sitios eriazos dejados por el terremoto de 2010 para dar cabida a este tipo de comercio irregular que de “ambulante” tiene poco porque no “deambulan” por la ciudad, sino que se estacionan en gran número en las veredas y casi no dejan caminar a la gente.