Las prioridades más sentidas de la gente

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Como seguramente ocurre en todos los países del mundo, las distintas comunidades están conformadas por segmentos socioeconómicos muy diversos y en algunos casos hasta contrapuestos, con grandes e injustas desigualdades y por eso no existe la utópica “sociedad perfecta”.

Sin embargo, y pese a esos desequilibrios, la mayor parte de las naciones logra llevar una existencia razonablemente sana y armónica con un orden aceptable.

En la medida que lo permita una población no desbordada y con una menor cantidad de abusos por parte de quienes ostentan el poder económico, los pueblos pueden vivir en un ambiente regularmente armonioso y una base mínima de seguridad.

Con sus altos y bajos, en Chile se había estado viviendo así por largo tiempo, especialmente desde el retorno a la democracia en 1990, tras el doloroso y traumático quiebre institucional de 1973.

Pero ese ambiente, ese aire de aparente normalidad y razonable convivencia, se fue opacando, enturbiando, hasta que de pronto surgió el ya tristemente conocido “estallido social”.

Y entonces, casi todo se vio alterado; tanto así que –como dijo alguien recientemente y de manera muy sensata, en las redes sociales– “llegamos a tener miedo de nosotros mismos”, porque la violencia y el espíritu de destrucción que se ha advertido, vienen a ser como reacciones propias de la locura.

Y es imperativo tratar de volver a la razón; de conversar sin alterarnos; de ponernos de acuerdo; de ir aislando y rechazando entre todos a los que, pretendiendo identificarse con las legítimas protestas sociales, solo buscan la destrucción y el caos.

Ese escenario social de una confraternidad vecinal lo más armónica posible, debería poder expresarse mayoritariamente este próximo domingo, en la consulta ciudadana en la que participarán más de dos tercios de la comunidad nacional, como una evidencia de las mayores y justas prioridades sociales que marcan y piden todos los chilenos.