Orar por la paz

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Aunque no lo parezca –en medio de un mundo materialista, lleno de agresividad, soberbia y afán de destrucción sin sentido– es mucha la gente que mantiene viva su fe, un concepto que está íntimamente ligado a la esperanza de poder retomar el camino a la ansiada normalidad.

Y esta es una realidad que va más allá de la simple fe asociada a alguna corriente o culto religioso en particular, sino que forma parte de la esencia humana, entendida como el conjunto de “personas de buena voluntad”. 

En su clásica novela “El Conde de Montecristo” el gran escritor Alejandro Dumas, escribió: “Para el hombre feliz, la oración es solo una mezcla de palabras sin sentido, hasta el día en que el dolor llegue para enseñarle el lenguaje sublime por medio del cual se le habla a Dios”.

Es algo regular ver en las redes sociales algunos llamados para generar “cadenas de oración” que en la mayor parte de los casos están vinculados a la sanación de algún enfermo muy grave y se ha sabido de resultados sorprendentes que quedan en el umbral de lo milagroso.

Entre las muchas frases que se han acuñado en este terreno de lo espiritual y lo moral hay una que dice: “La paz de Dios no llega sin sufrimiento, sino en medio del sufrimiento” y estos son realmente momentos de sufrimiento y angustia colectiva y parece ser el escenario adecuado para echar mano al recurso de las bien inspiradas oraciones.

Para el conglomerado católico estos días deberían ser la ocasión precisa para rezar por la paz social, cuando estamos en plena celebración del Mes de María, que culminará el domingo 8 de diciembre y que en Curicó alcanza su máxima expresión de fe con el ascenso de cientos de fieles hasta los pies de la Virgen, en la cima del cerro Condell.

Nuestro incierto e impredecible destino nos ha traído esta época de prueba y es el momento de unir nuestra fe y nuestra voluntad para reencontrarnos con el buen juicio, la razón, el respeto y el amor al prójimo a través del privilegiado y no siempre bien valorado poder de la oración y así poder enfrentar y superar nuestra propia confusión e intranquilidad.