“Aquí ha aparecido una herida profunda que estaba carcomiendo el alma de Chile”

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Entrevista.  A un mes del inicio del actual escenario, junto con mostrarse partidario con el desarrollo de cabildos, el religioso formuló un llamado a que pueda imperar la capacidad de diálogo. 

CURICÓ. De paso por Curicó, el administrador apostólico de la Diócesis de Talca, monseñor Galo Fernández, conversó ayer con diario La Prensa, refiriéndose de una manera más extendida y profunda al momento que atraviesa nuestro país, tras el denominado “Estallido Social”. 

“Hemos tenido el dolor de daños materiales, que no son lo más importante, digámoslo con claridad. Lo más importante aquí en Curicó es que ha habido una víctima fatal, José Miguel (Uribe Antipani). Me tocó hacer el funeral, para esa familia la pérdida de una vida humana es algo irreparable. Es lejos lo más grave. Pero también la herida está en el alma, que estemos divididos. Lo estamos al interior de una misma casa, los que están más a favor de las movilizaciones, están los que las repudian, los que comprenden el accionar de la fuerza pública y los que no, ya que consideran que ha sido un ejercicio desmedido de la violencia. Lo que necesitamos es transitar por el camino del diálogo. Me gustan todos los llamados que han habido en el ámbito municipal, los cabildos que han surgido de manera espontánea, y creo que necesitamos mucho el poder escucharnos”, nos subraya de entrada el religioso.    

Ya ha transcurrido un mes del denominado “Estallido Social” ¿Cuál es su sensación de todo lo que ha pasado?

“Como pastor a mí no me corresponde dar un juicio político. Puedo manifestar lo que ya he dicho en las cartas pastorales, en primer lugar una invitación a comprender que aquí ha aparecido una herida profunda que estaba carcomiendo el alma de Chile, que tiene como dos raíces fuertes. Por una parte, la experiencia de un país que aparentemente progresa en lo económico, pero que sin embargo experimenta una gran desigualdad. Pero junto a eso, y lo que encuentro aun más doloroso, es la enorme lista de abusos, y el malestar por los abusos, una larguísima historia de colusión de empresas en distintas cosas, y el abuso en distintos roles de autoridad, de los cuales tengo que partir diciendo que hasta la misma iglesia ha sido parte, lo que ha herido el alma de Chile. Eso es lo que ha aparecido con una fuerza muy grande. Ciertamente que mirar la herida, nos duele, nos cuesta. Comprender las reacciones es una cosa, que no es lo mismo que justificar actitudes que lejos de resolver los problemas, los acrecientan. La iglesia dice que la paz es fruto de la justicia y si hoy día no tenemos paz, hay que comprender que hay una herida de injusticia previa. Si bien la inmensa mayoría de las manifestaciones son pacíficas y quieren serlo, lamentablemente terminan siendo el espacio que permite que otras no lo sean”. 

¿Qué rol podría cumplir la Iglesia en todo esto? En otros momentos de la historia del país, la Iglesia ha desempeñado un rol muy fundamental. 

“Es una pregunta que nos hacemos hondamente; tengo claro que nadie de ninguna institución se puede erigir como el que va a resolver este conflicto. Una novedad de la situación en que nos encontramos es que la ciudadanía no está siendo liderada por un rostro visible, no hay una cabeza, es el pueblo entero. En ese pueblo, está la Iglesia también. Entre los que han marchado, hay muchos de la Iglesia, como hay otros que no están de acuerdo con las marchas. Yo he tratado de contribuir con una palabra. Por su parte, en el marco de este mes, la Conferencia Episcopal ha hecho cuatro declaraciones ante los distintos momentos. Ha sido un momento de sobreabundancia de voces y la voz de la Iglesia parece una más. Hay muchos que me dicen que la Iglesia está callada, que no se escucha y yo les digo que la Iglesia no está callada”.

Pero en otras épocas de la historia de Chile, por dar un ejemplo, ustedes han sido mediadores. 

“Sí, pero parte de la dificultad que hoy en día se presenta es si somos mediadores ¿Lo seríamos entre quienes? Como te decía anteriormente ¿Quién lidera esto? No hay un rostro visible. Podemos mediar, tratando de dirigir nuestra palabra, pero no hay una dirigencia del movimiento social con la que uno pudiera decirles, sentémonos a conversar. De hecho, es parte de lo que el propio movimiento social repudia, que algunos se puedan arrogar la representación del pueblo. Por lo mismo, la Iglesia tiene que dirigir su palabra a todos y contribuir en la mayor cantidad de espacios que se pueda”.

Considerando el costo que ha tenido todo esto, me refiero a que han fallecido personas, que hay gente que ha perdido la vista, por solo dar un par de ejemplos ¿Tiene usted la esperanza de que pueda salir algo bueno de todo esto? 

“Yo no podría decir que valió la pena el fallecimiento de alguien, que valió la pena que alguien haya perdido la vista, eso bajo ningún aspecto. Sin embargo, lo que no podemos hacer con esta herida que ha aparecido con tanta virulencia, es no escuchar que hay un dolor. Yo tengo esperanza que la racionalidad va a volver a aparecer, tengo confianza que se impondrá la capacidad de diálogo, esa capacidad de poder escuchar al otro. Por el contrario, tengo la certeza que transitar por el camino de la confrontación, no conduce a nada”.