Inédito y esperanzador

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Tomando en cuenta el descontento que, en general, existe por parte de la ciudadanía, respecto al rol que en los últimos años ha tenido la clase política, no son pocas las voces que han manifestado sus reparos respecto al acuerdo que fue suscrito entre el oficialismo y la oposición, paso que entrega la posibilidad cierta de que Chile cuente con una nueva Constitución. 

Independiente que tales observaciones sean o no válidas, sería injusto no reconocer que la promesa de participación ciudadana que se acordó la semana pasada, se trata de un hecho “inédito y esperanzador” dentro de la historia de nuestro país. Hasta hace tan solo un mes atrás, era bastante difícil imaginar que nuestra sociedad podría acceder a un escenario de tal naturaleza que, sin lugar a dudas, ha tenido un costo no menor, tomando en consideración, por ejemplo, la pérdida de vidas humanas, donde se incluye el caso a nivel local del joven José Miguel Uribe Antipani, cuya investigación está en manos de la justicia. Se trata de un proceso que ya tiene sus plazos, y cuyo desarrollo, tal como ha ocurrido en otros países del mundo, no estará exento de complicaciones. 

Si bien son miles las personas que han levantado la bandera para criticar “la desidia” de la clase política, esta vez, la reacción de sus miembros se acercó mucho más a lo que, en general, se espera de su conjunto, considerando las legítimas demandas expuestas por la población: independiente a la validez de las diferencias o puntos de vistas que puedan existir, el trabajar por un bien común debe estar por sobre todo ¿Palos porque bogas y palos porque no bogas? 

Lo concreto es que se abre la puerta para quienes, a la fecha, se han sentido excluidos y que estiman pertinente llevar a cabo un cambio, de cara a la labor de trabajar en la construcción de una “nueva casa común”, cuyas reglas de convivencia puedan ser aceptadas y respetadas entre sus moradores.