¿Los primeros asomos de esperanza?

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Estas últimas semanas han sido de una conjunción de hechos negativos, dramáticos y violentos que no solo convulsionaron a la alienante metrópoli capitalina, sino que incluso los desbordes y desmanes llegaron hasta ciudades mucho más pequeñas como ha sido el caso de Curicó, donde ha habido mucha destrucción y vandalismo.

Sin embargo, así como ocurre con los “desbordes” de los ríos en un devastador temporal, suele ocurrir que el arrollador cauce de las aguas comienza a disminuir permitiendo que, al menos, se logren ver las riberas y alcanzar un nivel medianamente normal.

Cada quien con sus propios problemas, enfoques y balances: Los trabajadores ansiando poder llegar a tiempo a sus trabajos; los enfermos esperando que termine el paro y así tomarse los exámenes y seguir con sus tratamientos; el pequeño empresario anhelando que la situación vaya mejorando para poder vender y así pagar el sueldo de sus empleados; los municipios buscando los recursos para reparar tanto daño, incluidos los semáforos destruidos por las hordas desatadas, lo mismo que los edificios de los juzgados y fiscalías cuyos grandes ventanales fueron apedreados sin compasión.

Y hasta las sencillas dueñas de casa que aman entrañablemente a sus mascotas rogando para que se rescate la tranquilidad y el silencio necesario y mantener sin sobresaltos y angustia a sus perros y gatos.

Por otra parte, en el plano sociopolítico, pareciera abrirse una ventana de esperanza ya que en la noche de este domingo último trascendió que el Gobierno se abre a la posibilidad cierta de reformular una nueva Constitución para lo que debería convocarse a un Congreso Constituyente, con participación efectiva de la ciudadanía.

Tal vez no muchos sepan que hay grupos de personas poseedoras de una profunda fe que han estado manteniendo cadenas de oraciones para que este atroz panorama que todos hemos estado viviendo, se vaya despejando y lográndose gradualmente las metas que la inmensa mayoría ha planteado en todos los tonos.