Extrañando las “rutinas”

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El hecho que la crisis que está viviendo la comunidad nacional –con diferentes intensidades y matices, según sea el punto geográfico y social desde donde se le enfoque– se iniciara un fin de semana y tras los estallidos de violencia y “autodestrucción” se fuera quebrando la convivencia que pudiéramos llamar “normal”, está haciendo (a la enorme mayoría de los compatriotas) extrañar las rutinas cotidianas y domésticas.

En efecto: si bien el día a día tiene para muchos las molestias casi familiares, la verdad es que estamos “acostumbrados” a eso.

Pero cuando esas rutinas se quiebran abrupta y dolorosamente, entonces se produce un desquiciamiento que afecta a todos por igual, aunque sus reflexiones y opiniones sean muy diversas y hasta antagónicas, sobre los “orígenes” que gatillaron esta crisis.

Que no se pueda hacer un viaje en bus, en el día que se debía hacer y a la hora determinada, ya es un aspecto que puede desordenar una simple planificación, familiar, empresarial, artística, deportiva, etc.

Que los niños y jóvenes no puedan asistir a clases; que las personas que tenían una cita con el médico en la red pública de salud no puedan hacerlo porque hay un paro; que los supermercados trabajen solo medio día y haya filas interminables en las cajas; incluso que los hinchas de un club se queden sin ver un partido porque debió ser suspendido… todo eso y muchas cosas más, van alterando la rutina que ahora todos extrañamos.

Pero al decir “todos” tal vez no seríamos muy precisos porque… ¿Cuál es la “rutina” de los vándalos, los anarquistas agresivos e irracionales que viven en el borde mismo de la delincuencia y que parecen disfrutar con destruir todo lo que hallen a su paso?

Si han habido aspectos rescatables en este escenario social tan ingrato, sin duda uno de los más loables ha sido la solidaria agrupación de algunos vecinos que han unido sus voluntades y esfuerzos para rechazar a los que roban, saquean y destruyen.