¿Cómo terminará todo esto?

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La incertidumbre es la principal sensación que ronda en estos días en nuestro país, tras los hechos de violencia que comenzaron en la capital y que día a día se han ido expandiendo a más ciudades, incluyendo algunas de nuestra Región del Maule.

Los padres no tienen claridad respecto a si sus hijos podrán retornar a clases, lo que se homologa a casas de estudio superior e institutos de formación técnica. El comercio no está con los “horarios habituales”, solo atendiendo de manera parcial, lo que se traduce en cientos de personas acudiendo, por ejemplo, a los supermercados, ante el miedo al “desabastecimiento”. La frecuencia en el servicio de buses a destinos como Santiago también se ha visto afectada. Lo que sí está claro (y no existen dos lecturas el respecto) es la aprobación que han recibido las manifestaciones pacíficas que se han llevado a cabo, entendiéndolas como un derecho de los miles de chilenas y chilenos que necesitan de cambios sociales urgentes. Por el contrario, el rechazo también ha sido absoluto a la violencia, los saqueos, el vandalismo y los incendios que dañan a toda la sociedad y que no representan el sentir de quienes de manera legítima y pacífica se manifiestan. La credibilidad de la política y sus instituciones está en entredicho debido al manejo que han tenido durante los últimos días, de cara a poder responder al descontento social que se arrastra a causa de la precarización de la vida de las personas, que se ve reflejado, entre otros puntos, por el encarecimiento de servicios básicos, como la luz, el transporte público, entre varios otros puntos. ¿Cómo terminará todo esto? Lo ideal sería encontrando respuestas en un diálogo de corte transversal, que incluya a todos los sectores políticos y a la sociedad civil, con el objetivo de construir un nuevo pacto social, donde se atiendan las principales demandas que han sido planteadas, sobre todo de equidad e igualdad.