“La realidad de la gestión nos obligó a entender que la figura del delegado es indispensable para la coordinación del Estado”

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Humberto Aqueveque ha sido uno de los delegados presidenciales regionales que se ha mantenido los cuatro años en su cargo, designado por el Presidente Gabriel Boric.

Oriundo de una pequeña comunidad en la Provincia de Cauquenes, Aqueveque ha navegado por las aguas más turbulentas de la historia reciente del Maule: desde incendios forestales devastadores hasta las inundaciones sin precedentes de 2023.

Por Juan Ignacio Ortiz Reyes
Fotos Carlos Alarcón Duarte

En esta entrevista exclusiva para Diario La Prensa, el delegado reflexiona sobre su evolución política —pasando de proponer la eliminación de su propio cargo en su tesis de derecho a defenderlo como una pieza clave de la institucionalidad—, los momentos de dolor personal tras las tragedias regionales y el desafío de reconstruir una zona que el cambio climático ha puesto en la primera línea de riesgo.

– Delegado, recientemente publicamos en nuestra portada una cifra alarmante: más de 2.800 hectáreas quemadas en solo un mes en la Región del Maule. Además, hemos visto incendios simultáneos en zonas urbanas como Talca. ¿Es hoy el fuego la amenaza más crítica en esta época estival?

“Efectivamente. Temporada tras temporada, los incendios forestales se han convertido en una de las principales preocupaciones de todos nuestros equipos de emergencia. En la región del Maule, esta preocupación no es nueva, pero sí se ha sofisticado la respuesta. Desde que llegamos a la administración en 2022, constituimos una mesa regional de prevención de incendios forestales. Hemos vivido situaciones de alta complejidad, como lo que ocurrió en 2017 o incluso antes, en 2014, en zonas como San Javier y la provincia de Linares”.

– Existe una sospecha constante sobre la intencionalidad en estos siniestros. De acuerdo con los datos que manejan, ¿cuánto hay de descuido y cuánto de acción deliberada?

“Hay que partir de una base científica y técnica: casi la totalidad de los incendios forestales en nuestra región se producen por acción humana. Aquí no tenemos incendios que se generen espontáneamente por la naturaleza; siempre hay una intervención. Lo que vemos mayoritariamente es negligencia: personas realizando labores de soldadura, usando galleteras o maquinaria en horarios y condiciones de viento y temperatura totalmente inadecuadas. Una sola chispa, bajo las olas de calor que hemos tenido este año —más largas y con temperaturas históricas—, genera un avance y una proyección de afectación que pone en riesgo la vida de las personas de forma inmediata”.

– Si el verano es fuego, el invierno de 2023 fue agua. Usted ha señalado que las inundaciones de junio y agosto de ese año fueron el desafío más difícil de sus cuatro años de mandato. ¿Qué fue lo que más le impactó de ese proceso?

“Todo el proceso alrededor de esas inundaciones fue extenuante y doloroso. Quizás el momento más duro de toda mi gestión fue la búsqueda y el posterior hallazgo del cuerpo del bombero Robinson Altamirano. Acompañar a su familia y a la Segunda Compañía de Bomberos de Linares fue un proceso profundamente humano y desgarrador. Hubo otras personas fallecidas y miles de damnificados. Recordemos que 28 de las 30 comunas de nuestra región sufrieron afectación directa. Más de 15.000 personas vieron sus vidas interrumpidas”.

– En términos de infraestructura y agricultura, el daño fue masivo. ¿En qué estado se encuentra la reconstrucción hoy, considerando que el Maule es el corazón agrícola del país?

“Tuvimos que actuar contra reloj. Las inundaciones fueron a finales de agosto y el proceso de riego comienza habitualmente el 15 de septiembre. Los agricultores veían comprometida su producción. Gracias a un acuerdo parlamentario muy valorable, logramos el “Plan Maule” con recursos extraordinarios. Hoy puedo decir con satisfacción que la reconstrucción en nuestra región supera el 80%. Los 500 puntos viales que fueron afectados están recuperados, no tenemos sectores aislados y la conectividad vial es total. Hemos recuperado canales, bonos agrícolas y defensas fluviales”.

PLANIFICACIÓN URBANA

– Con el cambio climático, estos eventos extremos podrían ser la “nueva normalidad”. ¿Qué lecciones se han aprendido para no cometer los mismos errores del pasado?

“Estudios indican que la zona entre Coquimbo y Los Lagos será la más afectada por el cambio climático, y el Maule, por sus condiciones topográficas, está en el centro de ese riesgo. Tendremos temporadas de incendios más largas e inundaciones más violentas. No basta con enfrentar la emergencia; hay que entregar instrumentos de planificación”.

– ¿Hoy tenemos buenos planes comunales para enfrentar estas catástrofes?

“Hoy los 30 planes comunales de emergencia están actualizados. Sin embargo, seguimos cometiendo errores en la planificación urbana. Por ejemplo, en Cauquenes, el sector de Capellanía no estaba habitado hace diez años y hoy se inunda cada invierno. O las parcelaciones en zonas de alto riesgo de incendios forestales. Debemos entender que la naturaleza siempre va a seguir su curso y nosotros debemos adaptarnos a ella con mapas de riesgo, como los que acabamos de entregar para el río Mataquito y próximamente para el Río Maule”.

DE LA TESIS AL TERRENO

– Entremos en la arena política. Usted ha sido muy sincero respecto de su postura sobre el cargo de delegado presidencial. Su tesis de grado en Derecho proponía la eliminación de esta figura. Tras cuatro años ejerciéndolo, ¿mantiene esa tesis?

“(Sonríe) Es cierto, mi tesis proponía la eliminación del cargo de intendente para generar mayor participación ciudadana. Difícilmente puedo compartir hoy esa conclusión teórica. La realidad práctica me ha enfrentado a situaciones donde es indispensable una coordinación interinstitucional encabezada por alguien que represente directamente a la máxima autoridad nacional, el Presidente de la República”.

– Pero el propio Presidente Gabriel Boric prometió eliminar el cargo durante su campaña. ¿Qué cambió?

“La realidad nos obligó a cambiar las políticas públicas. Nuestra planificación a principios del gobierno era muy distinta, pero cuando tienes que dejar la agenda de lado para acompañar a vecinos en un incendio o coordinar una mesa Cogri, entiendes la necesidad del cargo. Chile sigue siendo un país muy centralizado. Se requiere una figura con superioridad jerárquica sobre los seremis y directores regionales para dirigir y coordinar de manera eficiente el trabajo interagencial. Sin esa figura, la respuesta del Estado en regiones sería mucho más lenta”.

CONFIANZAS POLÍTICAS

– Durante estos años hemos visto cambios frecuentes en las carteras regionales, algunos muy comentados, como en Salud o Desarrollo Social. ¿Fueron errores técnicos o “vaivenes” políticos?

“Quienes llegamos a estos cargos somos funcionarios de exclusiva confianza. Nuestro trabajo depende de mantener esa confianza tanto política como técnica. No es una más importante que la otra. Somos funcionarios de gobierno, y eso implica estar sometidos a las condiciones políticas y a las definiciones de las respectivas carteras. Todas las personas que han pasado por el gabinete generaron una contribución y enriquecieron el trabajo del gobierno”.

– ¿Le dolió ver partir a colegas con los que trabajó codo a codo?

“Más que dolor, hay un agradecimiento profundo. Todos sabemos lo que significa estar en la “primera línea visual”: cenas familiares que no se desarrollan, ausencias en el hogar por cumplir con la tarea. Yo les agradezco a todos por el compromiso que tuvieron con el Maule y con el presidente”.

Estamos llegando al final de este periodo. Si tuviera que ponerse una nota, del 1 al 7, ¿qué calificación le pondría a su gestión?

“No corresponde que yo me autoevalúe, sería irrespetuoso. La evaluación la debe hacer la ciudadanía, la gente a la que logramos ayudar y también a la que no pudimos llegar a tiempo. Hemos entregado nuestra mejor energía y voluntad”.

– ¿Pensó en algún momento dar un paso al costado?

“Hubo momentos muy duros. Reitero que el año 2023 fue extenuante. Para mí, poner la bandera de Chile sobre el cuerpo de Robinson Altamirano es algo que recordaré hasta el último de mis días como uno de los momentos más dolorosos. En esas situaciones uno a veces piensa si debe seguir. Pero mi compromiso fue siempre cumplir con la responsabilidad que el presidente puso sobre un cauquenino de una comunidad pequeña. Espero entregar de la mejor manera este proceso de transición al nuevo gobierno. Cuando a las autoridades les va bien, le va bien a la gente”.